lunes, 7 de noviembre de 2011

Cuento Breve: El Dios Dormido


Se puso de pie con tanta violencia que botó un vaso de jugo que se encontraba junto al sillón. Corrió presuroso hacia la puerta del departamento. Bajó las escaleras hasta llegar al primer piso y salió a la calle.

Aquel era uno de los días más calurosos de todo el año. El aire, tibio y enrarecido, le hacía difícil respirar. Sus oídos y nariz sangraban profusamente. A su alrededor todo era caos. Muchas personas, la mayoría, se encontraban tiradas en el suelo, inconscientes algunas, otras en estado de shock. Muy cerca de él una mujer mayor yacía sin vida, con los ojos muy abiertos, sangrantes.

Lo había escuchado con claridad, a pesar de que tenía los audífonos puestos y su mp3 a todo volumen. Aquello había sido una especie de bramido, algo que jamás había escuchado en su vida, tan intenso y penetrante que había estado seguro que sus tímpanos explotarían. Pero no había sido solo eso. Aquel sonido parecía haber afectado cada aspecto de su metabolismo. Se sentía mareado, confundido. La cabeza comenzaba a dolerle.

domingo, 30 de octubre de 2011

Cuento Breve: El que sonríe en la Oscuridad


No era la primera vez que se reunían a medianoche en el cementerio. Por lo menos una vez al mes solían cobijarse en el opresivo silencio de las sepulturas, pálidas a la luz de la luna, silenciosas, guardando los secretos de innumerables existencias que ya no eran más que un recuerdo adormecido bajo el velo de la muerte.

Eran cinco muchachos, muy jóvenes. El mayor no tenía más de dieciséis años. Habían hecho de la oscuridad su refugio y su grito de protesta ante un mundo que no les otorgaba ninguna esperanza. Sus vestimentas eran negras, al igual que la noche que parecía tragarse cada pedazo de realidad. Caminaban muy pegados los unos a los otros. Sentir miedo era parte de su juego.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Cuento Breve: La Sombra


Cerró los ojos, esperando que su silueta se hubiera desvanecido, pero cuando volvió a mirar él seguía ahí, en medio de las sombras de su dormitorio; en un rincón junto a la pared. La noche era oscura. Incluso la luna parecía haberse escondido, contagiada de sus temores.

Era idéntico a si mismo, excepto por sus ojos: ojos negros como un abismo; un pozo sin fondo donde se veía reflejado. Trató de llamar a sus padres pero con horror se dio cuenta de que no era capaz. El miedo se aferraba a su garganta, desgarrando su voz en un hilo colmado de angustia.

Volvió a cerrar los ojos pero esta vez no los abrió. Se dejó embriagar por aquella falsa oscuridad, pobre remedo de la otra, la real,  que se apretujaba a su alrededor como los contornos de cientos de fantasmas, envidiosos de su vitalidad, de su calor.

jueves, 18 de agosto de 2011

Cuento: Aniuta, de Antón Chéjov


Por la peor habitación del detestable Hotel Lisboa paseábase infatigablemente el estudiante de tercer año de Medicina, Stepan Klochkov. Al par que paseaba, estudiaba en voz alta. Como llevaba largas horas entregado al doble ejercicio, tenía la garganta seca y la frente cubierta de sudor.

Junto a la ventana, cuyos cristales empañaba la nieve congelada, estaba sentada en una silla, cosiendo una camisa de hombre, Aniuta, morenilla de unos veinticinco años, muy delgada, muy pálida, de dulces ojos grises.

En el reloj del corredor sonaron, catarrosas, las dos de la tarde; pero la habitación no estaba aún arreglada. La cama hallábase deshecha, y se veían, esparcidos por el aposento, libros y ropas. En un rincón había un lavabo nada limpio, lleno de agua enjabonada.

viernes, 12 de agosto de 2011

Poe según Borges


Detrás de Poe, (como detrás de Swift, de Carlyle, de Almafuerte) hay una neurosis. Interpretar su obra en función de esa anomalía puede ser abusivo o legítimo. Es abusivo cuando se alega la neurosis para invalidar o negar la obra; es legítimo cuando se busca en la neurosis un medio para entender su génesis. Arthur Schopenhauer ha escrito que no hay circunstancia de nuestra vida que no sea voluntaria; en la neurosis, como en otras desdichas, podemos ver un artificio del individuo para lograr un fin. La neurosis de Poe le habría servido para renovar el cuento fantástico, para multiplicar las formas literarias del horror. También cabría decir que Poe sacrificó la vida a la obra, el destino mortal al destino póstumo. 

martes, 2 de agosto de 2011

Cuento: La Trama, de Jorge Luis Borges


¿Acaso los hombres no somos más que una figura arquetípica que muere y vuelve a nacer una y otra vez?

Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.

Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.

Fuente: Ciudad Seva

martes, 19 de julio de 2011

Cuento Breve: Los Niños Grises



De repente se sentía desorientado. El niño miró a su alrededor, buscando alguna respuesta, mas solo vio humo y edificios destruidos.

Era incapaz de recordar algo, incluso como había llegado a ese lugar.

El extraño hombre lo llevaba de la mano. A su alrededor se apretujaban otros niños, demasiados para contarlos, todos de edades similares a la suya. Se veían tristes, opacos. Sus ojos parecían extraviados en el caos que los rodeaba.

—No mires atrás, pequeño —le dijo el extraño hombre. Su voz trató de ser dulce, pero había algo en ella que la hacía lúgubre.

Se fijó en él. Iba completamente vestido de negro. Un largo abrigo le cubría el cuerpo hasta las rodillas. Traía las manos enguantadas y un sombrero de copa. En la mano izquierda llevaba un paraguas, con el que se cubría la cabeza, aunque no llovía. Su rostro era tan blanco como la nieve.