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miércoles, 3 de julio de 2013

Lovecraft según Lovecraft


Escrito para The Best Short Stories of 1928 and the Yearbook of the American Short Story, 1928

"Lovecraft, Howard Phillips. Nacido de vieja estirpe yanqui-inglesa el 20 de agosto de 1890, en Providence, Rhode Island. Siempre ha vivido aquí, excepto durante breves períodos. Desde muy pronto se interesó en los colores y misterios de las cosas... Ahora se dedica con bastante seriedad a escribir cuentos de sueños, sombras extrañas y “exterioridades” cósmicas, sin olvidar una visión de escéptico racionalismo y un celoso respeto por las ciencias. Vive tranquilo y sin sobresaltos, con gustos antiguos y clásicos. Es un devoto de la atmósfera colonial de Nueva Inglaterra. Sus autores preferidos —en el sentido más íntimo y personal— son: Poe, Arthur Machen, lord Dunsany, Walter de la Mare, Algernon Blackwood... Conservador en cuanto al método y la perspectiva general, pero totalmente compatible con la fantasía en el arte y el materialismo mecanicista en la filosofía. Vive en Providence, Rhode Island."

sábado, 22 de junio de 2013

Cuento: La Isla del Hada, de Edgar Allan Poe


Hoy quiero compartir con ustedes uno de esos cuentos poco conocidos de Edgar Allan Poe, un tanto alejado de su obra más difundida. Bien sabemos que el taciturno escritor norteamericano es conocido por sus relatos macabros (¿a alguien le suena El Gato Negro o El Corazón Delator) y sus cuentos más agudos (Los Crímenes de la Calle Morgue, La Carta Robada) pero hoy traigo una narración breve que coquetea con el género de los Cuentos de Hadas, aunque, por supuesto, desde una perspectiva mucho más sombría y melancólica. Desde mi humilde perspectiva, el texto completo es una joya oscura, que da cuenta de la obsesión del autor por temáticas como las ciencias, la contemplación del mundo natural, la soledad y la muerte. Como suele suceder en los cuentos de Poe, la primera parte se acerca más al ensayo académico, donde el autor expone sus concepciones sobre la contemplación de la naturaleza, dando cuenta de una visión del universo cercana al Panteísmo, para finalmente comenzar con la narración propiamente tal, que es donde aparece el elemento fantástico, que, a mi juicio, está bellamente logrado.

¡Que disfruten de la lectura!

miércoles, 13 de febrero de 2013

Borges: Por qué no escribo novelas

Una vez le preguntaron a Borges:

Profesor, sus poemas y sus cuentos son muy bien conocidos en el extranjero, pero creo que usted no ha escrito ninguna novela. Si es así, quisiera preguntarle si hay alguna razón específica.

Yo creo que hay dos razones específicas: una, mi incorregible holgazanería, y la otra, el hecho de que como no me tengo mucha confianza, me gusta vigilar lo que escribo y, desde luego, es más fácil vigilar un cuento, en razón de su brevedad, que vigilar una novela.

Es decir, la novela uno la escribe sucesivamente, luego esas sucesiones se organizan en la mente del lector o en la mente del autor, en cambio uno puede vigilar un cuento casi con la misma precisión con que uno puede vigilar un soneto: uno puede verlo como un todo.

jueves, 18 de agosto de 2011

Cuento: Aniuta, de Antón Chéjov


Por la peor habitación del detestable Hotel Lisboa paseábase infatigablemente el estudiante de tercer año de Medicina, Stepan Klochkov. Al par que paseaba, estudiaba en voz alta. Como llevaba largas horas entregado al doble ejercicio, tenía la garganta seca y la frente cubierta de sudor.

Junto a la ventana, cuyos cristales empañaba la nieve congelada, estaba sentada en una silla, cosiendo una camisa de hombre, Aniuta, morenilla de unos veinticinco años, muy delgada, muy pálida, de dulces ojos grises.

En el reloj del corredor sonaron, catarrosas, las dos de la tarde; pero la habitación no estaba aún arreglada. La cama hallábase deshecha, y se veían, esparcidos por el aposento, libros y ropas. En un rincón había un lavabo nada limpio, lleno de agua enjabonada.

viernes, 12 de agosto de 2011

Poe según Borges


Detrás de Poe, (como detrás de Swift, de Carlyle, de Almafuerte) hay una neurosis. Interpretar su obra en función de esa anomalía puede ser abusivo o legítimo. Es abusivo cuando se alega la neurosis para invalidar o negar la obra; es legítimo cuando se busca en la neurosis un medio para entender su génesis. Arthur Schopenhauer ha escrito que no hay circunstancia de nuestra vida que no sea voluntaria; en la neurosis, como en otras desdichas, podemos ver un artificio del individuo para lograr un fin. La neurosis de Poe le habría servido para renovar el cuento fantástico, para multiplicar las formas literarias del horror. También cabría decir que Poe sacrificó la vida a la obra, el destino mortal al destino póstumo. 

martes, 2 de agosto de 2011

Cuento: La Trama, de Jorge Luis Borges


¿Acaso los hombres no somos más que una figura arquetípica que muere y vuelve a nacer una y otra vez?

Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.

Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.

Fuente: Ciudad Seva

miércoles, 25 de mayo de 2011

Cuento: El Horla, Guy de Maupassant


Si hay un autor que se tiene ganado un espacio entre los grandes de la literatura, ese es Guy de Maupassant (Francia, 1850-1893). No por nada lo han puesto a la altura de Edgar Allan Poe y Anton Chejov, dos autores que me parecen magníficos exponentes del arte de narrar historias. 
Ahora, de los muchos cuentos que escribió (sin contar sus novelas), de variados estilos y temáticas, Maupassant es célebre por sus relatos de terror, género en el que es reconocido como todo un maestro. Hoy quiero compartir con ustedes el que muchos consideran lo mejor de su obra, un cuento de horror como pocos tendrán la oportunidad de leer: El Horla.

8 de mayo 
 
¡Qué hermoso día! He pasado toda la mañana tendido sobre la hierba, delante de mi casa, bajo el enorme plátano que la cubre, la resguarda y le da sombra. Adoro esta región, y me gusta vivir aquí porque he echado raíces aquí, esas raíces profundas y delicadas que unen al hombre con la tierra donde nacieron y murieron sus abuelos, esas raíces que lo unen a lo que se piensa y a lo que se come, a las costumbres como a los alimentos, a los modismos regionales, a la forma de hablar de sus habitantes, a los perfumes de la tierra, de las aldeas y del aire mismo.
Adoro la casa donde he crecido. Desde mis ventanas veo el Sena que corre detrás del camino, a lo largo de mi jardín, casi dentro de mi casa, el grande y ancho Sena, cubierto de barcos, en el tramo entre Ruán y El Havre.
A lo lejos y a la izquierda, está Ruán, la vasta ciudad de techos azules, con sus numerosas y agudas torres góticas, delicadas o macizas, dominadas por la flecha de hierro de su catedral, y pobladas de campanas que tañen en el aire azul de las mañanas hermosas enviándome su suave y lejano murmullo de hierro, su canto de bronce que me llega con mayor o menor intensidad según que la brisa aumente o disminuya.
¡Qué hermosa mañana!
A eso de las once pasó frente a mi ventana un largo convoy de navíos arrastrados por un remolcador grande como una mosca, que jadeaba de fatiga lanzando por su chimenea un humo espeso.

viernes, 29 de abril de 2011

Cuento: Tres Rosas Amarillas, de Raymond Carver


En 1988, el año de su muerte, apareció una compilación de relatos de Raymond Carver, titulada: Tres Rosas Amarillas. En esta aparece el cuento del mismo nombre que narra, de manera ficticia, los últimos momentos de vida del maestro, Anton Chejov. Una pequeña obra maestra que he querido compartir con ustedes.
 
Chejov. La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, salió a cenar con su amigo y confidente Alexei Suvorin. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario, un hombre hecho a sí mismo cuyo padre había sido soldado raso en Borodino. Al igual que Chejov, era nieto de un siervo. Tenían eso en común: sangre campesina en las venas. Pero tanto política como temperamentalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, sin embargo, era uno de los escasos íntimos de Chejov, y Chejov gustaba de su compañía.
Naturalmente, fueron al mejor restaurante de la ciudad, un antiguo palacete llamado L'Ermitage (establecimiento en el que los comensales podían tardar horas -la mitad de la noche incluso- en dar cuenta de una cena de diez platos en la que, como es de rigor, no faltaban los vinos, los licores y el café). Chejov iba, como de costumbre, impecablemente vestido: traje oscuro con chaleco. Llevaba, cómo no, sus eternos quevedos. Aquella noche tenía un aspecto muy similar al de sus fotografías de ese tiempo. Estaba relajado, jovial. Estrechó la mano del maitre, y echó una ojeada al vasto comedor. Las recargadas arañas anegaban la sala de un vivo fulgor. Elegantes hombres y mujeres ocupaban las mesas. Los camareros iban y venían sin cesar. Acababa de sentarse a la mesa, frente a Suvorin, cuando repentinamente, sin el menor aviso previo, empezó a brotarle sangre de la boca. Suvorin y dos camareros lo acompañaron al cuarto de baño y trataron de detener la hemorragia con bolsas de hielo. Suvorin lo llevó luego a su hotel, e hizo que le prepararan una cama en uno de los cuartos de su suite. Más tarde, después de una segunda hemorragia, Chejov se avino a ser trasladado a una clínica especializada en el tratamiento de la tuberculosis y afecciones respiratorias afines.

lunes, 14 de febrero de 2011

Arthur Machen y la naturaleza del Mal


“Vuestro error es casi universal: os habéis acostumbrado como todo el mundo a mirar las cosas a través de unas gafas sociales. Todos pensamos que el hombre que nos hace daño a nosotros o a nuestros vecinos es un hombre malo. Y lo es desde el punto de vista social. ¿Pero no podéis comprender que el Mal, en su esencia, es una cosa solitaria, una pasión del alma? El asesino corriente, como tal asesino, no es en modo alguno un pecador en el verdadero sentido de la palabra. Es sencillamente una bestia peligrosa, de la que debemos librarnos para salvar nuestra piel. Yo lo clasificaría mejor entre las fieras que entre los pecadores.”

“Pues no lo es, el asesino no mata por razones positivas, sino negativas, le falta algo que poseen los no-asesinos. El Mal por el contrario es totalmente positivo. Pero positivo en el sentido malo. Y es muy raro. Sin duda hay menos pecadores verdaderos que santos. En cuanto a los que llamáis criminales, son seres molestos, desde luego, y de los que la sociedad hace bien en guardarse; pero entre sus actos antisociales y el Mal existe un abismo. ¡Creedme!.”

“¿Opináis pues que no comprendemos la verdadera naturaleza del Mal?
Lo sobreestimamos. O bien lo menospreciamos. Por una parte, llamamos pecado a las infracciones de los reglamentos de la sociedad de los tabúes sociales. Es una exageración absurda. Por otra parte atribuimos una importancia tan enorme al 'pecado' que consiste en meter mano a nuestros bienes o a nuestras mujeres que hemos perdido absolutamente de vista lo que hay de horrible en los verdaderos pecados.”

“¿Que experimentaría si su gato o su perro empezaran a hablarle con voz humana? ¿Y si las rosas de su jardín se pusieran a cantar? ¿Y si las piedras del camino aumentaran de volumen ante sus ojos? Pues bien, estos ejemplos pueden darle una vaga idea de lo que realmente es el pecado.”

martes, 21 de septiembre de 2010

Cuento: Los dos reyes y los dos laberintos, de Jorge Luis Borges


"Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere."

Fuente: http://www.ciudadseva.com/

jueves, 12 de agosto de 2010

Cuento: Caronte, de Lord Dunsany



"Caronte se inclinó hacia delante y remó. Todas las cosas del mundo eran una con su infinito cansancio.

Para él, la cuestión no se reducía a simples años o siglos, sino a ilimitados flujos de tiempo, y a una antigua pesadez y a un punzante dolor en los brazos, que se habían convertido en parte de un laberinto creado por los dioses y en un pedazo de Eternidad.

Si los dioses le hubieran enviado siquiera un viento contrario esto habría dividido todo el tiempo en su memoria en dos fragmentos iguales.

sábado, 31 de julio de 2010

Cuento: Silencio, de Edgar Allan Poe


Hoy quiero compartir con ustedes un breve cuento del maestro del relato gótico, Edgar Allan Poe. No pretendo descubrir nada con esta entrada pues todos conocemos a este autor, quien nos ha regalado narraciones maravillosas como La Caída de la Casa Usher, El Gato Negro, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, entre otras. No por nada monstruos de la literatura como Kafka, Borges o Lovecraft lo han tenido por maestro. Un humilde servidor se atreve a señalar lo mismo aunque en un nivel muy inferior.
En fin. Sin más dilación dejo con ustedes "Silencio". Espero que lo disfruten tanto como yo.