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jueves, 9 de octubre de 2014

Cuento: Un sueño en Ginebra


Repentinamente me encuentro caminando por un sendero rodeado de árboles, y aunque no conozco el paisaje me siento extrañamente regocijado ante la visión de los pinos mecidos por la brisa y un cielo primaveral apenas revestido de unas pocas nubes. En algún momento, y sin tener consciencia del trayecto que he recorrido, llego a un bosque vasto y silencioso. Penetro en él, impulsado por la curiosidad. Un anciano se encuentra sentado frente a un tablero de ajedrez, junto a la sombra del nogal más grande que he visto jamás. Sus manos se apoyan ligeramente en un bastón de madera. Me acerco y tomo asiento en la silla que se encuentra vacía. Tiene el cabello corto y blanco, y viste un pulcro traje negro. Del mismo color es la corbata, que descansa sobre una camisa blanca. Me sonríe con una sonrisa amplia y honesta.
Sin sorpresa, pues en los sueños no hay sorpresa, me doy cuenta de que es Borges. El escritor de prodigios y maravillas, el niño que jamás abandonó la biblioteca de su padre, el maestro ciego. Y a pesar de que sus ojos no pueden ver tengo la seguridad de que me observa.
Con un leve movimiento mueve un peón blanco, invitándome a jugar con él.

viernes, 23 de agosto de 2013

El Arte del Microrrelato



En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mi escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular...El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.
(Un Sueño, Jorge Luis Borges)


miércoles, 13 de febrero de 2013

Borges: Por qué no escribo novelas

Una vez le preguntaron a Borges:

Profesor, sus poemas y sus cuentos son muy bien conocidos en el extranjero, pero creo que usted no ha escrito ninguna novela. Si es así, quisiera preguntarle si hay alguna razón específica.

Yo creo que hay dos razones específicas: una, mi incorregible holgazanería, y la otra, el hecho de que como no me tengo mucha confianza, me gusta vigilar lo que escribo y, desde luego, es más fácil vigilar un cuento, en razón de su brevedad, que vigilar una novela.

Es decir, la novela uno la escribe sucesivamente, luego esas sucesiones se organizan en la mente del lector o en la mente del autor, en cambio uno puede vigilar un cuento casi con la misma precisión con que uno puede vigilar un soneto: uno puede verlo como un todo.

viernes, 12 de agosto de 2011

Poe según Borges


Detrás de Poe, (como detrás de Swift, de Carlyle, de Almafuerte) hay una neurosis. Interpretar su obra en función de esa anomalía puede ser abusivo o legítimo. Es abusivo cuando se alega la neurosis para invalidar o negar la obra; es legítimo cuando se busca en la neurosis un medio para entender su génesis. Arthur Schopenhauer ha escrito que no hay circunstancia de nuestra vida que no sea voluntaria; en la neurosis, como en otras desdichas, podemos ver un artificio del individuo para lograr un fin. La neurosis de Poe le habría servido para renovar el cuento fantástico, para multiplicar las formas literarias del horror. También cabría decir que Poe sacrificó la vida a la obra, el destino mortal al destino póstumo. 

martes, 2 de agosto de 2011

Cuento: La Trama, de Jorge Luis Borges


¿Acaso los hombres no somos más que una figura arquetípica que muere y vuelve a nacer una y otra vez?

Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.

Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.

Fuente: Ciudad Seva

martes, 21 de septiembre de 2010

Cuento: Los dos reyes y los dos laberintos, de Jorge Luis Borges


"Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere."

Fuente: http://www.ciudadseva.com/