viernes, 29 de abril de 2011

Cuento: Tres Rosas Amarillas, de Raymond Carver


En 1988, el año de su muerte, apareció una compilación de relatos de Raymond Carver, titulada: Tres Rosas Amarillas. En esta aparece el cuento del mismo nombre que narra, de manera ficticia, los últimos momentos de vida del maestro, Anton Chejov. Una pequeña obra maestra que he querido compartir con ustedes.
 
Chejov. La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, salió a cenar con su amigo y confidente Alexei Suvorin. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario, un hombre hecho a sí mismo cuyo padre había sido soldado raso en Borodino. Al igual que Chejov, era nieto de un siervo. Tenían eso en común: sangre campesina en las venas. Pero tanto política como temperamentalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, sin embargo, era uno de los escasos íntimos de Chejov, y Chejov gustaba de su compañía.
Naturalmente, fueron al mejor restaurante de la ciudad, un antiguo palacete llamado L'Ermitage (establecimiento en el que los comensales podían tardar horas -la mitad de la noche incluso- en dar cuenta de una cena de diez platos en la que, como es de rigor, no faltaban los vinos, los licores y el café). Chejov iba, como de costumbre, impecablemente vestido: traje oscuro con chaleco. Llevaba, cómo no, sus eternos quevedos. Aquella noche tenía un aspecto muy similar al de sus fotografías de ese tiempo. Estaba relajado, jovial. Estrechó la mano del maitre, y echó una ojeada al vasto comedor. Las recargadas arañas anegaban la sala de un vivo fulgor. Elegantes hombres y mujeres ocupaban las mesas. Los camareros iban y venían sin cesar. Acababa de sentarse a la mesa, frente a Suvorin, cuando repentinamente, sin el menor aviso previo, empezó a brotarle sangre de la boca. Suvorin y dos camareros lo acompañaron al cuarto de baño y trataron de detener la hemorragia con bolsas de hielo. Suvorin lo llevó luego a su hotel, e hizo que le prepararan una cama en uno de los cuartos de su suite. Más tarde, después de una segunda hemorragia, Chejov se avino a ser trasladado a una clínica especializada en el tratamiento de la tuberculosis y afecciones respiratorias afines.

lunes, 7 de marzo de 2011

lunes, 14 de febrero de 2011

Arthur Machen y la naturaleza del Mal


“Vuestro error es casi universal: os habéis acostumbrado como todo el mundo a mirar las cosas a través de unas gafas sociales. Todos pensamos que el hombre que nos hace daño a nosotros o a nuestros vecinos es un hombre malo. Y lo es desde el punto de vista social. ¿Pero no podéis comprender que el Mal, en su esencia, es una cosa solitaria, una pasión del alma? El asesino corriente, como tal asesino, no es en modo alguno un pecador en el verdadero sentido de la palabra. Es sencillamente una bestia peligrosa, de la que debemos librarnos para salvar nuestra piel. Yo lo clasificaría mejor entre las fieras que entre los pecadores.”

“Pues no lo es, el asesino no mata por razones positivas, sino negativas, le falta algo que poseen los no-asesinos. El Mal por el contrario es totalmente positivo. Pero positivo en el sentido malo. Y es muy raro. Sin duda hay menos pecadores verdaderos que santos. En cuanto a los que llamáis criminales, son seres molestos, desde luego, y de los que la sociedad hace bien en guardarse; pero entre sus actos antisociales y el Mal existe un abismo. ¡Creedme!.”

“¿Opináis pues que no comprendemos la verdadera naturaleza del Mal?
Lo sobreestimamos. O bien lo menospreciamos. Por una parte, llamamos pecado a las infracciones de los reglamentos de la sociedad de los tabúes sociales. Es una exageración absurda. Por otra parte atribuimos una importancia tan enorme al 'pecado' que consiste en meter mano a nuestros bienes o a nuestras mujeres que hemos perdido absolutamente de vista lo que hay de horrible en los verdaderos pecados.”

“¿Que experimentaría si su gato o su perro empezaran a hablarle con voz humana? ¿Y si las rosas de su jardín se pusieran a cantar? ¿Y si las piedras del camino aumentaran de volumen ante sus ojos? Pues bien, estos ejemplos pueden darle una vaga idea de lo que realmente es el pecado.”

martes, 30 de noviembre de 2010

Un sueño extraño y otras reflexiones trasnochadas


Últimamente no he escrito entradas demasiado personalizadas, lo reconozco. He andado falto de inspiración, pero bueno. Trato de seguir la máxima de que si no tienes nada interesante que decir, entonces no digas nada! Claro que no he de ser demasiado estricto ya que corro el riesgo de no terminar diciendo nada en lo absoluto.

En fin. No obstante lo anterior, creo que el sueño que tuve hace unos días merece la pena ser mencionado en este blog. Por lo general no suelo detenerme a analizar mis ensoñaciones nocturnas, a pesar de que un par de veces he despertado con una cara de "¿que se supone que fue eso?". Trato de evitar también esa costumbre de atribuirle extraños significados a cada elemento que aparece en los sueños, algo que en mi familia suelen hacer bastante seguido.

La verdad no recuerdo demasiado como fue el sueño en cuestión. Estaba en un lugar indeterminado, nebuloso, como suele ser el mundo onírico. En algún momento vi un cuaderno o una nota y sentí la necesidad de leer lo que había escrito en ella. El mensaje era el siguiente:

lunes, 22 de noviembre de 2010

Cuento Breve: About a Girl


Él la observa en silencio. En sus oídos suenan los distorsionados riffs de una guitarra eléctrica, sumados a la desgarrada voz de Kurt Cobain. Oculto entre la multitud, nadie repara en el enjuto muchacho de desgastada camisa escocesa. Menos pueden intuir lo que sucede en su mente.

"Eres preciosa. Podría perderme en tus ojos durante eras completas. Daría mi vida por acariciar solo un segundo tu nívea y delicada piel, por solo rozar tus labios carmesí. Te leería poemas que cuentan de amores eternos, imperecederos, que ni siquiera la muerte puede mancillar. Jamás habrá existido un amor más puro que el nuestro."

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Antón Chéjov y el Arte de Escribir

"Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir. 

Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo. 

Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo. 

No pulir, no limar demasiado. Hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento. 

Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto. 

martes, 26 de octubre de 2010

Be like Water


“Vacía tu mente, se amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en la taza, si pones agua en una botella se convierte en la botella, si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede aplastar. Se como el agua, amigo mío. El agua que corre nunca se estanca, así es que hay que seguir fluyendo”.

Bruce Lee