Desde hace ya un tiempo le vengo dando vueltas a una idea que se me metió en la cabeza y sencillamente no me la he podido quitar de encima: Publicar una colección de cuentos fantásticos. Así de simple. Desde que empecé a escribir relatos cortos de manera regular, tanto para Fantasía Austral como para subir a este blog, me di cuenta de que me agradaba bastante hacerlo, y lo más satisfactorio es que a otras personas parecían gustarle mis creaciones. Creo que no hay mayor motivación para un escritor novato, como yo, el que a otros le agrade lo que haces. El punto es que he logrado reunir una cantidad no despreciable de relatos cortos y no tan cortos (algunos inéditos) y heme aquí en la disyuntiva ¿vale la pena compilarlos en un libro? Obviamente, previa revisión y reescritura de los mismos.
sábado, 26 de mayo de 2012
lunes, 21 de mayo de 2012
Cuento Breve: Kaninchen Maske
Una tarde llegó a una
pequeña ciudad llamada Almond un extraño sujeto con una máscara de
conejo. Llevaba puesta una chaqueta color gris oscuro, una bufanda
negra y pantalones del mismo color. No traía ningún equipaje
consigo excepto por una daga enfundada en su cinturón, aunque de
esto nadie se dio cuenta ya que la llevaba oculta bajo el resto de
sus ropas.
Los que lo vieron llegar
decían que había algo perverso en él, como si un halo de
malignidad lo rodeara. A nadie le prestó atención. Con un extraño
andar renqueante se dirigió a los barrios bajos de la ciudad, donde
pululaban las mafias y los delincuentes menores. Se perdió en
oscuros y fétidos callejones, plagados de ratas y cucarachas, y un
sinfín de otras pestes. Nadie lo volvió a ver.
lunes, 19 de marzo de 2012
Cuento Breve: Abel, la niña y el mendigo
Caminaba por una calle solitaria, una noche particularmente fría y oscura. La ciudad entera parecía dormir, silenciosa, arropada bajo las manos invisibles del Dios de los sueños. Los faroles eran como vigías mudos, enigmáticos, destinados a luchar eternamente contra las sombras que se cernían acechantes.
Abel miró a las alturas: comenzaba a nevar. Se arrebujó aún más en su abrigo y apresuró el paso. Los antiguos edificios se erguían solemnes a su alrededor, observándolo con sus ojos ciegos.
Un movimiento llamó su atención. Giró la cabeza y vio salir de un callejón a una niña tomada de la mano de un hombre viejo y sucio. Por sus caracteristicas era evidente que se trataba de un mendigo. Instintivamente se apegó a la pared, tratando de no ser visto, sin embargo, no les despegó los ojos de encima ¿que significaba aquello? ¿una niña acompañada de un mendigo a esa hora de la noche? Algo no calzaba en aquella imagen. Estuvo un rato agazapado hasta que se alejaron lo suficiente. Entonces, dominado por la poderosa sensación de que algo malo sucedería aquella noche, decidió seguirlos.
martes, 21 de febrero de 2012
Cuento Breve: Un Violinista en Thüringer
Una fría mañana de otoño, un
joven violinista apareció entre los sombríos robles del bosque de Turingia, en
Alemania. Vestía un largo abrigo negro. Una boina gris le cubría la cabeza. El
instrumento, de impecable factura, dormitaba en un pequeño maletín.
Con cuidada elegancia, como si se
encontrara frente a un público selecto, el joven comenzó a tocar una triste
melodía, parado, solitario en medio del vasto bosque. Su rostro reflejaba un
hondo pesar. Los ojos estaban cerrados, como si aquella música evocara algún
recuerdo, más aquel recuerdo no era feliz. La frágil silueta del joven, su
pálida faz, los largos dedos, le hacían asemejarse a un triste fantasma. A veces
un suave viento lo envolvía, moviendo levemente, con gentileza, sus negros cabellos.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Cuento Breve: El Hada Danzarina
Aquella noche, Efraín Valbaler se dispuso a morir. A sus noventa años, la
vida se había convertido en una carga que ya no deseaba sostener más tiempo. Se
sentía cansado. Hacía mucho que la salud lo había abandonado. Sufría de
incontables achaques. Su vista ya no funcionaba bien, sus piernas apenas
aguantaban un par de pasos y los huesos le dolían la mayor parte del tiempo.
Impedido de leer, de caminar, de perderse una noche de lluvia en el amplio
valle ¿Qué sentido tenía su existencia?
Ahora, sentado frente al calor de
la chimenea, en una amplia habitación sumida en una agradable semi penumbra, recordaba
su pasado, que se desplegaba en su mente con asombrosa claridad. El olor a madera
quemada lo hacía sentirse sereno, pues le recordaba las largas jornadas al
descampado, con la única compañía de una fogata.
lunes, 7 de noviembre de 2011
Cuento Breve: El Dios Dormido
Se puso de pie con tanta
violencia que botó un vaso de jugo que se encontraba junto al sillón. Corrió
presuroso hacia la puerta del departamento. Bajó las escaleras hasta llegar al
primer piso y salió a la calle.
Aquel era uno de los días más
calurosos de todo el año. El aire, tibio y enrarecido, le hacía difícil
respirar. Sus oídos y nariz sangraban profusamente. A su alrededor todo era
caos. Muchas personas, la mayoría, se encontraban tiradas en el suelo, inconscientes
algunas, otras en estado de shock. Muy cerca de él una mujer mayor yacía sin
vida, con los ojos muy abiertos, sangrantes.
Lo había escuchado con claridad,
a pesar de que tenía los audífonos puestos y su mp3 a todo volumen. Aquello
había sido una especie de bramido, algo que jamás había escuchado en su vida,
tan intenso y penetrante que había estado seguro que sus tímpanos explotarían.
Pero no había sido solo eso. Aquel sonido parecía haber afectado cada aspecto
de su metabolismo. Se sentía mareado, confundido. La cabeza comenzaba a
dolerle.
domingo, 30 de octubre de 2011
Cuento Breve: El que sonríe en la Oscuridad
No era la primera vez que se
reunían a medianoche en el cementerio. Por lo menos una vez al mes solían cobijarse
en el opresivo silencio de las sepulturas, pálidas a la luz de la luna,
silenciosas, guardando los secretos de innumerables existencias que ya no eran
más que un recuerdo adormecido bajo el velo de la muerte.
Eran cinco muchachos, muy jóvenes.
El mayor no tenía más de dieciséis años. Habían hecho de la oscuridad su refugio
y su grito de protesta ante un mundo que no les otorgaba ninguna esperanza. Sus
vestimentas eran negras, al igual que la noche que parecía tragarse cada pedazo
de realidad. Caminaban muy pegados los unos a los otros. Sentir miedo era parte
de su juego.
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